Pregón fiestas patronales 2015

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Pregón María José Miñano Meseguer.

Fiestas Patronales

Nuestra Señora de la Consolación 2015

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11 de septiembre de 2015

 

Querido Eduardo, Alcalde de Molina de Segura, Cura párroco de la Asunción, D Ramón Jara, Autoridades municipales y regionales, compañeros, familiares, amigos y amigas…. Buenas noches…

 

En primer lugar, quiero agradecer al ilustre ayuntamiento de Molina de Segura el privilegio de anunciar como pregonera el comienzo de las fiestas en honor de nuestra patrona la Virgen de la Consolación.

 

Sinceramente tengo que decir que para mi fue una enorme sorpresa esta proposición, jamás se me pasó por la cabeza el verme en este trance (fue un momento muy delicado y difícil en mi vida para poder tomar esta decisión) pero dicho esto, tengo que decir que me sentí muy distinguida y alabada con este reconocimiento, y ahora estoy aquí con vosotros intentando hacerlo lo mejor posible y haber como salimos de ésta.

 

He sido muy afortunada en nacer en esta hermosa tierra que es Murcia, y más concretamente en Molina de Segura.

 

Aunque nací en la Calle San Esteban me crié y crecí en el barrio de San Roque, un barrio sencillo, trabajador, humilde y solidario en la calle Oriente, que es donde he vivido y vivo.

 

Siempre estuve rodeada de muy buenos vecinos junto con mi familia. Los hijos de la Pitula y Felipe Pizca, los relojeros, los hijos de Juanito el Mónico, los zagales del Ángel de Jurá, Antonio el Piche, los capotes, éramos muchos en la calle de distintas edades y lo pasábamos bien jugando.

 

Antes no había videojuegos, consolas, tablets, no se veía tanto la tele, y los móviles no existían, por lo tanto había más comunicación.

 

Había personas más mayores en la calle que se dedicaban solo a la huerta, no había otra cosa. Estaba el tío Andrés Barrenas, el Mónico y el tío Manuel de la Jura, todos ellos tenían una burra y como cría los esperaba todos los días para que me montaran en ella. Siempre solía echar un vistazo a los capazos que traían, porque llevaban cosas que ellos mismos cultivaban y a mi me gustaban, como lechugas, tomates, patatas, ajos tiernos, etc, toda clase de verduras. En verano, albaricoques, melocotones, peras, todo lo que en la época se recogía. Me daban siempre de todo. Qué buena gente.

 

En esta calle había mucho movimiento, estaba la yesera de Santa Cruz, donde molían y picaban el yeso. La escobería de los rabaneros, un poco más abajo, la escobería de los Simones, la escuela del maestro Rosa, donde daba clase a críos y crías; y era la primera academia donde se daban clases de mecanografía. Todos los jóvenes querían aprender para poder colocarse.

 

Eran unos tiempos en que los zagales y zagalas estábamos mucho tiempo en la calle. Teníamos nuestros juegos peculiares. El apargate, rate, la rayuela, el escondite, la comba, también se jugaba a las bolas. Como las calles eran de tierra, se hacía un agujero en el suelo y ¡!!!alé!!!, a jugar, con la bola en los dedos, se decía: cuarta que lagarta, quinta que la pinta, y guau espachau.

 

También tengo que recordar los rompe que se hacían con las cajas de mixto, esas pequeñicas, y cómo no nombrar las trabas, un juego muy común entre los zagales. El yoyo, era uno de mis juegos preferidos. Llegué a jugar muy bien. Lo practicaba mucho. Todavía lo conservo. Conservo tanto y tanto….

 

De niña, estaba mucho en casa de mis abuelos maternos, mi abuelo Rey y mi abuela Reina, vivían en la carretera, esquina con la calle San león, en frente de la barbería del Angel Pardo. Era una punta de calle muy alegre, por las tardes mi abuela me daba para merendar, pan, vino y azúcar, y me daba una jumera que ni os cuento, pero aún así no me desagradaba. Recuerdo que me daba mucho sueño. Era feliz.

 

También tengo que deciros que algunos de los que estáis aquí, y más aún si sois de San Roque, recordaros que nuestros padres nos mandaban a la taberna de Carlicos el Jorge, a que nos llenara la garrafica de dos litros de vino para que nos pusiera mitad y mitad, y él siempre te decía: un poquito embocao, verdad nena?

 

Por las tardes nos gustaba ir al río para montar en el barco de Leandro, se tiraba de una cuerda para cruzar de un lado a otro, era lento, parecía que íbamos a cruzar el Támesis, del agua que bajaba.

 

Habría que recordar tantas y tantas historias, que cuando uno es niño no se olvida, como por ejemplo el coche de la carne, de Pepe de la Gavina, un coche de los años treinta, alargado, estrecho, y color marrón, su bocina era característica, cuando sonaba, todo el mundo salía a la calle y todo el mundo decía: Mira, el coche de la carne. Yo me enganchaba en la escalera que tenía detrás para pasearme. El no se enteraba.

 

 

Fiestas de San Roque

 

Al llegar el mes de agosto en San Roque se celebraban unas fiestas preciosas, sus puestos de turrón que se ponían a un lado y otro de la carretera, y puestos de melones. Pero lo más relevante de las fiestas eran las pelotas de Serrín, los zagales buscaban a las Zagalas para darles en el culo. ¡Qué daño, pero qué bien lo pasábamos!.

 

Se hacían cucañas, carreras de sacos, de bicicletas y cada año se contrataba al tío de la chirimeita y zagales y zagalas íbamos detrás de él bailando y saltando. Se enfadaba mucho cuando se le decía el tío de la chirimeita, el siempre quería que se le llamase el señor de la Dulzaina, todo un acontecimiento social de la época.

 

Habían varias tiendas de renombre, por qué no. La tienda de Rosauro, la Lala, la Pepita de los pollos, la carnicería de Fuensanta de Luca, y por supuesto bares famosos, como el Bar de Regino, el bar de San Roque, el bar de la Rata. Entre estas tiendas había una de especial renombre, la tienda de Rafaelito, que tenía todo lo relacionado a perfumería y droguería. Era una persona muy adelantada para su tiempo, lo más famoso eran las colonias que él mismo hacía y que las ponía nombre, y estos son algunos de estos nombres: la liga de la Sofía Loren, Persígueme, Agárrame junto al catre, etcétera…

 

Y cómo no nombrar el quiosco del tío Pelele, que tenía unas pipas buenísimas. Todas las parejas de novios iban a la ermita de la Virgen los domingos y se compraban un cartucho de pipas para entretenerse, porque tampoco había mucho más.

 

De niña a adolescente

 

De niña fui a la escuela de Doña Aurora, después a las monjas, donde guardo un buen recuerdo. Todas las mañanas nos daban leche en polvo que bebíamos en un vaso que todas las niñas llevábamos en un bolsito de tela.

 

En la iglesia de la Asunción hice mi primera comunión, y me confirmé en el Sagrado Corazón, antes las confirmaciones eran a muy temprana edad.

 

Después de las monjas fui al instituto, en ese año se abrió por primera vez un instituto en Molina, yo fui junto con varios chicos y chicas los que empezamos a formar parte de él.

 

Lo curioso de la época era que los zagales y zagalas no estábamos juntos en la misma clase, así que cuando salíamos al recreo teníamos que estar separados por una alambrada y cuando nos gustaba alguno, se lo decíamos con un papelico que le dábamos por los agujeros de dicha alambrada. En las clases no había pupitre porque no habían llegado, nos sentamos en sillas de madera plegables.

 

 Me gustaba y me gusta el deporte. Fui portera de balonmano en esa época en la que estaba en el instituto.

 

Voy a nadar y a caminar pero una de mis pasiones es el baile. Hice clásico y dos años de español. Me gusta el tango y también lo bailo.

 

Quiero echar la vista atrás y recordar aquellos años que marcaron una época y que son mi inolvidable historia. Fueron los años de la bien llamada época prodigiosa que marcaron mi juventud, al igual que la de tantos otros jóvenes de la época.

 

En aquellos años estaban en pleno apogeo los guateques, donde el Picu era el rey de las fiestas. Todos nos juntábamos en una casa para echar unos bailes, enseguida se apagaba la luz, te dabas un achuchón, eran unos segundos, enseguida volvía y no sabías cómo.

 

Pienso muchas veces que rescatar la memoria es un ejercicio muy saludable para el espíritu de los pueblos y ciudades, junto con sus gentes, y además es norma de buena enseñanza para todos, para explicar el por qué de los acontecimientos de cualquier tipo.

 

Formación, trabajo y futuro

 

Siempre hay que pensar que lo importante en cualquier sueño, proyecto o camino, es saber dónde nos lleva. Un día hay que decidir qué hacer laboralmente con la vida, digo laboralmente porque para mí no es posible ser feliz sin hacer algo por los demás, sin hacer mi parcela de mundo.

 

Pienso que el valor más importante en la vida de una persona es el conocimiento que se adquiere, primero en familia, y después en el ámbito social: en la escuela, el instituto y la universidad.

 

Soy de una generación de la que, con el esfuerzo de tener que dejar a mis padres, tuve que abrirme un camino muy difícil en la vida, fuera de mi tierra, para conseguir lo que siempre había querido: ser matrona.

 

Esta labor para mi tan importante me ha permitido ver crecer a esas criaturas que cuando vinieron al mundo eran personas inocentes y que al cabo de los años se convierten en seres maravillosos en esta sociedad que vivimos.

 

El ayudar a esos niños a venir a este mundo, ver sonreir a sus madres al abrazarlos, y seguro que muchas de las que estáis aquí os acordáis del nacimiento de vuestros hijos, estar ahí me ha enseñado lo importante que es el ser humano para construir una vida mejor. Pienso que el amor es el único bien absoluto de esta vida.

 

Y así empezaron mis andanzas.

 

Siendo muy joven empecé a trabajar en la fábrica de conservas cuando me daban vacaciones en el instituto. Mi trabajo consistía en recoger los huesos que se caían al suelo y dar agua a las mujeres para que no se levantaran y perdieran el tiempo.

 

Pensaba que aquello tenía que mejorarlo. Yo quería hacer algo más en la vida.

 

Por entonces se rumoreaba, era el año 75, que iban a abrir la Arrixaca, eché los papeles que me mandaron hacer, me aceptaron y comencé a trabajar allí. Era de las más listicas, tenía el bachiller. Trabajé como auxiliar de clínica, pero yo quería seguir estudiando.

 

Tenía que intentarlo. Busqué un sitio donde poder hacer las dos cosas. Lo encontré y pedí el traslado. Me fui a Barcelona donde podía trabajar y estudiar a la vez.

 

CONTAR COMO MI REINA ME LLEVO A LA ESTACION DE BARCELONA

 

Mi vida en Barcelona fue bastante dura, tenía que trabajar mucho y compaginarlo con la facultad. Estuve al principio de mi llegada a esta ciudad en una Residencia de Señoritas  donde ponía y quitaba mesas a cambio de mi alojamiento, hasta el momento que me vino el traslado al hospital de Belviche, donde estuve muchos años realizando las dos cosas: el estudio y el trabajo.

 

Luego con el tiempo tuve mi propia casa,  también en ella pasaron mucha gente de aquí de Molina, que iban en aquel entonces a médicos o de paso por sus trabajos y paraban en mi casa. Hubo un momento en que no me cabían dentro, uno de ellos que tenía una tienda de campaña la montó en la terraza, en mi ático, para que todos durmiéramos bajo el mismo techo.

 

Trabajé en muchos hospitales, privados y públicos, y aprendí mucho de todos ellos y cantidad de anécdotas buenísimas.

 

Lo que más me impresionó es al año de llegar a Barcelona, cuando el accidente del Camping de los Alfaques, en San Carlos de la Rápita, en Tarragona, donde pude colaborar en labores de rescate y vi lo importante que es la vida y la ayuda a los demás.

Tuve la oportunidad de recoger o tener a una niña conmigo que se había quedado sin padres en ese fatídico accidente, pero en aquel entonces no pudo ser ya que estaba soltera, eran otros tiempos.

 

Como siempre fui con la Virgen y voy desde muy joven, tenía ilusión en tener un traje de huertana, pero nunca pudo ser. Pero cuando tuve algo de dinero, vine a Murcia en uno de mis viajes y encargué que me hicieran uno de lujo pero con la condición de pagarlo por meses, por lo cual cada mes que cobraba, mandaba algo, durante un año, era el año 1981.

 

Mi padre Enrique Miñano Ros y mi Reina Isabel Meseguer Rosauro, eran personas muy trabajadoras y muy buena gente.

 

Ellos me enseñaron a mi hermano y a mi a ser gente buena, trabajadora y de buen corazón, ellos sabían que teníamos que estudiar, porque no tenían nada que ofrecernos en un futuro, por eso teníamos que trabajar, tanto mi hermano como yo.

 

Mi padre se dedicaba en aquellos tiempos a la Pleita, hacía capazos, seras… y todo lo relacionado con el esparto. También hacía estropajos de estopa para fregar, teníamos un almacén en el patio, se llamaba Manufacturados el Gaucho, y funcionaba muy bien. Se fue todo abajo cuando salieron los capazos de goma.

 

Era una persona muy lista, y muy inteligente. Tenía una caligrafía magnífica, él siempre escribía las cartas de todos aquellos que no sabían hacerlo. Tenía mucho humor y te reías mucho con él.

 

ANECDOTAS DE MI PADRE.

 

Mi Reina una gran mujer, como persona, extraordinaria, como madre increíble, ¡una JABATA! Es la que más nos ha inculcado al estudio, clave en nuestras vidas. Tengo buenos recuerdos y buena memoria y me acuerdo muy bien de cada momento de mi vida. Pero sobre todo sé muy bien de dónde soy.

 

Fiestas patronales y Virgen de la Consolación

 

Hoy contemplo a nuestra ciudad, totalmente integrada en este nuevo siglo, lo cual me alegra y me satisface como a todos vosotros. Cuando llega septiembre ya es el gozar de todos los Molinenses, con sus fiestas en honor de la Virgen de la Consolación.

 

Mi Reina, junto con mi padre y mi hermano, nos llevaron siempre a la fiesta. Cuando llegábamos cerca de la Calle Ancha, ya se divisaba el encendido de las luces, con las bombillas, papelillos de colores, y al llegar a la plaza del casino estaba esa hermosa barraca donde por las noches se daban los conciertos de las bandas de música, mientras a mi hermano y a mi nos habían comprado un bizcocho borracho en la confitería de Banegas, donde se hacía también leche merengada y horchata de chufa, buenísima.

 

Sus atracciones también formaban parte importante para niños y jóvenes. La rueda de caballitos, los polichinelas, la noria, el tren de la bruja, el látigo, los coches de choque, que cuando te gustaba algún chico ibas detrás para darle. Eran historias preciosas.

 

Y las tómbolas, ¡para que contarte! Comprando boletos como locos, para ver si se podía conseguir una muñequica o algo que llevarnos a nuestra casa. Pero sobre todo se guardaban los cartones que nos daban para el último día de las fiestas y poder entrar en el sorteo de un cajón sorpresa, era ya el remate de la feria.

 

En fiestas, el cine Viscutes es cuando se proyectaba más cine. Recuerdo que para anunciar la película o películas, venían unos señores con una pizarra negra y en el centro escrito con tiza el título de la película, si era tolerada o no. A veces no entrábamos o por falta de dinero o porque no era tolerada, siempre intentábamos entrar, pero no podía ser. Luego la gente salía diciendo que era algo subidita de tono y que salía Sofía Loren. Así que todos nos encendíamos y nos entraba una gran curiosidad.

 

Las verbenas

 

Las verbenas eran importantes, y las más famosas, venían jóvenes de todos los pueblos de alrededor, y nos gustaba ir a ellas, en pandillas o cada uno con su pareja, siempre llegábamos con la alegría de los primeros bailes a disfrutar las últimas noches de verano con una coca-cola en la mano y esperando ansiosas a bailar con los zagales agarraos y encima que no nos vieran, por si acaso.

 

En estas fiestas el aspecto de la ciudad se transforma, con el encendido del alumbrado, jóvenes, mayores y niños, todos contentos a celebrar nuestras fiestas en las que podemos rendir pasión y devoción a la Virgen de la Consolación que cada año que pasa es como una tradición que nos llama anualmente y nos atrae por lejano que sea el destino. Para mí siempre ha sido así, nunca me he separado de ella. Este reencuentro de Fiestas pienso que es siempre doble. Además de familiar, se hace necesario otro con la Patrona, a través de procesiones, ofrenda de flores y novenas en su honor, donde han estado siempre estrechamente ligadas a la historia de la ciudad.

 

Molina es una ciudad de corazones nobles que saben que algo misterioso nos une en estas fechas, que surge de nuestro espíritu libre y estalla cada año, cuando mujeres y hombres, jóvenes y mayores se sienten unidos por los mismos sentimientos de alegría y solidaridad.

 

Siempre que voy al lado de Virgen sigo viendo a gente más joven a su alrededor. Padres y madres con niños en sus brazos con intención de tocar a la Virgen, eso es bueno. Fruto de que esos padres tienen voluntad de que sus hijos en un futuro continúen el camino que ellos han elegido.

 

Gracias a ella, a la Virgen de la Consolación, porque ella es la que nos acoge, la que nos atrae y congrega en torno suyo. Tu ciudad te cuida con singular cariño y te sientes feliz entre tus hijos. Tu imagen visible y esa gran belleza se convierte en puente entre tu y tus hijos, siempre estás guapa y sabes que llega la hora, donde recorres tus calles y sales a bendecir a todos los que a ti se acercan, das consuelo a cuantas te siguen sin dejar de mirarte con la emoción contenida en el rostro.  Y es entonces cuando creo que una ciudad o pueblo que sabe divertir a fondo, en paz y armonía y es una ciudad inteligente y culta.

 

Esta es mi ciudad, y aquí aprendí todo, como la mayoría de vosotros, he trabajado duro, he bailado, reído… hemos llorado y nos hemos enamorado.

 

Pienso que a veces los seres humanos estamos confusos por lo que hacemos o no en la vida pero veo que los pájaros, a diferencia de los hombres, continúan cantando hasta el último día de su vida.

 

Que siguen naciendo flores solitarias donde nadie las cuida, y es por eso que sin amor nada tendría sentido, ni el pájaro, ni la flor ni el hombre, porque queramos o no el amor perfila nuestro modo de ser ya que sin ese amor solo somos un animal vacío, no somos nada, y con amor, puede que seamos una gota divina que espera y sueña.

 

Por lo tanto, este pregón lo guardaré como un gran tesoro porque forma parte también de vosotros, ya que los verdaderos tesoros de la vida son lo que están hechos con cariño y gran amor. Y yo así lo percibo.

 

Muchas gracias.