Ayuntamiento de Molina de Segura





Historia de Molina de Segura

AddThis Social Bookmark Button

Gracias a la labor de prospección que desde el Ayuntamiento de Molina de Segura, con el apoyo de la Consejería de Cultura, se llevó a cabo durante varias campañas, es conocer gran parte de nuestra arqueología e historia. El equipo estuvo dirigido por Felipe González Caballero (arqueólogo municipal), María Cano Gomariz y Abel Gómez.

 


Prehistoria


Primeros pobladores

Las prospecciones y los hallazgos arqueológicos nos dan noticia de los primeros pobladores.

Se asentaron primeramente gentes del Paleolítico (entre los 2,5 millones y los 10.000 años a.C). Detectamos presencia humana en el Paleolítico inferior a través de un taller de silex en el Fenazar. Mejor representado esta el Paleolítico Medio (95.000 a.C-35.000 a.C). De esta cultura, en las zonas adyacentes a una rambla del paraje de las Toscas, se ha localizado un taller de captación de recursos con restos de lascas, raederas y núcleos levallois realizados en cuarcita.

Otros lugares del Paleolítico Medio los tenemos en el Fenazar, en la pedanía de los Valientes y en Rambla Salada. Es la época del hombre de Neanderthal.

 

 

La arqueología también ha localizado restos  del Neolítico (cerámicas a  mano) en el paraje de la Fuente Setenil.

Restos del Eneolítico y la Cultura del Argar (III-II milenio a. C) encontramos en cerros junto a ramblas de las inmediaciones de la Sierra de Lugar y de la Pila, muy cerca de recursos naturales. Existen evidencias constructivas además de molinos barquiformes de piedra volcánica, cerámicas lisas a mano, espatuladas, decorada con tetones, restos de tulipas y herramientas de silex como dientes de hoz que insertados en un madero curvo servían para la recolección de cereales. Algunos de estos útiles pueden ser contemplados en el Museo Carlos Soriano del Llano de Molina.


CULTURA IBÉRICA

La cultura ibérica (desde finales del s. VI a. C. hasta el s. I a C., a comienzos del Imperio Romano) es una de las más abundantes en el municipio. Encontramos pequeños poblados, sobre todo en la zona del campo molinense (Fenazar, Los Valientes, La Hornera. Fuente Setenil y Rambla Salada. Se sitúan cerca de ramblas en cerros de poca elevación junto a ellas. Los materiales en superficie más característicos son cerámicas comunes a torno y cerámicas decoradas a bandas y con círculos concéntricos de color almagra. Como novedad podemos señalar que en el Barrio del Castillo también se han encontrado recientemente restos de esta cultura tan importante para el sureste peninsular.

 

 

   
 

 

 


Antigüedad 


Roma: villas y granjas

Es un poco antes de la llegada de los romanos cuando empieza a poblarse el Barrio del Castillo. De época romana encontramos en este lugar, restos de cerámica común y sigilatas (cerámica de lujo romanas). La fecha de estas nos retrotrae al siglo II d. de Cristo.

Por otro lado también existen yacimientos romanos distribuidos por todo el término en lo que conocemos como campo de Molina marcando las vías de paso que profusamente recorrían la zona. Son pequeñas villas (“villae”) y granjas dedicadas al cultivo de la tierra. Estos yacimientos abundan especialmente en el corredor natural que desde Santa Pola- Elche circula por el valle donde hoy se ubican Abanilla, Fortuna, Fenazar (en Molina) y Archena.

Además encontramos también yacimientos romanos en el eje de comunicación que recorre el municipio de norte a sur, desde las tierras del Noreste (Jumilla, Yecla) y el valle del Segura. Es el lugar por donde corre el llamado Cordel de los Valencianos que antes de convertirse en paso de la Mesta, sirvió con seguridad como eje de comunicación entre el valle del Segura y el norte de lo que hoy es la región de Murcia.

Los materiales hallados en estos yacimientos van desde fragmentos de cerámicas republicanas hasta tardorromanas hechas a mano (siglos III a VIII).

El núcleo urbano de Molina de Segura fue uno de los puntos por donde pasaba la vía romana, más tarde medieval, que recorría el valle del Segura y que conectaba Cartagena con Complutúm (actual Alcalá de Henares). También hay que relacionar la ubicación de Molina con el paso natural que desde el Segura llega hasta el noroeste murciano por la cuenca del río Mula. La desembocadura de este río se encuentra frente al cerro donde hoy se asienta el barrio del Castillo núcleo fundacional de la villa de Molina.

A este primer poblamiento romano hay que atribuir el nombre de Molina que no es árabe sino de origen latino con el significado de cerro amesetado.

El conocimiento de algunas de estas vías no nos viene por autores romanos sino por los geógrafos árabes del siglo XI y XII. Al- Udrí y Al- Idrisi. Que describen antiguos caminos de comunicación romanos utilizados también en época musulmana.

Por tanto, por lo que hoy es el término municipal de Molina, pasaron en época romana 3 vías. Una principal por el valle del Segura (Cartagena- Complutum) y dos secundarias (actus), Santa Pola- Elche hasta Archena, donde conectaba con la primera, y la que desde el valle del Segura recorre el término actual por el este y enlaza con el Noreste murciano (Jumilla y Yecla).

 

     

 

 

 

 

 


Edad Media


Periodo árabe

Se han localizado numerosos yacimientos en el campo de Molina. En muchas ocasiones coinciden con anteriores romanos e ibéricos. Estos pequeños asentamientos servían para la explotación agropecuaria de la tierra.

También es en época árabe cuando se empieza a tener una presencia notable en lo que hoy se conoce como Barrio del Castillo de nuestra localidad y cuando se conocen las primeras noticias escritas sobre Molina.

El enclave de Molina de Segura hay que relacionarlo con la privilegiada situación del cerro donde se asienta el citado barrio. Junto al valle del Río Segura y frente a la desembocadura del Río Mula.

La primera noticia que podemos relacionar con Molina de Segura la encontramos en Ibn Hayyān (historiador cordobés 987-1076). Nos relata una expedición que se produce a finales del siglo IX (896 d. Cr.). El poder central cordobés, envía unas tropas a Tudmīr para sofocar una revuelta. Son los tiempos del emirato de Abd Alladh (888-912). Molina aparece con el nombre de Maniya.

Las cosas fueron como siguen:

 "... y se trasladan las fuerzas omeyas a Balis (Vélez Rubio o Vélez Blanco), donde comienza la cora de Tudmir. Después de dos días de lucha en torno al castillo, las tropas omeyas se deciden a asolar el territorio de Tudmir hasta acampar en Māniya [en la página web actual viene el nombre en árabe que es el que hay que poner aquíمانية], una de las fortalezas (husun) del rebelde Daysam ibn Ishāq sobre el wādī Tādirū (río Thader o Segura), el día uno del mes cristiano de agosto. Tras devastar la zona durante varios días, el ejercito se dirige hacia el castillo de Riqūt (Ricote), que ofrece gran resistencia."

La siguiente noticia la encontramos en el siglo XI. El geógrafo al-Udri (1085) hace referencia a Molina hablando de los itinerarios que existían en Tudmir en su obra Tarsi al-ajbar: Estos son los fragmentos:

Itinerario de Cartagena a Toledo: "La primera etapa del itinerario de Qartaanna (Cartagena) a Tulaytula (Toledo) es la que va de Cartagena a Murcia, a unas 30 millas; hasta Mulina hay 8 millas (11 km); a Siyasa (Cieza), 25 millas; a la ciudad de Iyih (madina Iyyu[h] ¿(Minateda)?, hay 30 millas; a Tabarra (Tabarra), 10 millas; a Sintiyala (Chinchilla), 35 millas, y, por fin, a Qasr Atiya,... millas".

Itinerario de Lorca a Chinchilla por Molina:  "De Lorca a Mulina hay 35 millas (73 km); de Mulina al castillo de Sant Bitr (Peñas de San Pedro), 40 millas(114 km), y de Sant Bitr a Chinchilla 20 millas;..."

Un hecho curioso se produjo también en el siglo XI. En 1088 el Cid pasa por Molina. Sus desacuerdos con el rey en el lugar del encuentro motivan su segundo destierro. Los hechos, relatados en la Historia Roderici de autor anónimo, son los siguientes:

En época taifa un grupo de castellanos al mando de García Jiménez se había hecho fuerte en el Castillo de Aledo, saqueando desde allí el territorio circundante (sobre todo Lorca que se hallaba en poder de al-Mu´tamid de Sevilla, y sometiendo a Murcia al pago de tributos. Esto motivó la segunda venida a la península de Yusuf ibn Tasufin, emir de los almorávides, quien asedió la plaza durete al mando de un ejército formado por tropas propias y de diversos estados andalusíes. Pero la falta de unión entre éstos y, sobre todo, las diferencias entre Ibn Rasiq, gobernador de Murcia, y al-Mu´tamid, su señor teórico, hicieron fracasar la campaña y llevaron al emir a iniciar la ocupación de Al-Andalus en 1090.

Enterado Alfonso VI de que sus hombres estaban cercados en la plaza fuerte murciana, movilizó a sus ejercito y se puso en marcha desde Toledo, al tiempo enviaba una carta al Cid, que andaba por tierras valencianas, ordenándole que aguardase su llegada en un punto intermedio del camino con el fin de marchar juntos hasta el cerco. Y es aquí donde se produjo una situación que causaría graves problemas al Cid: al parecer en la misiva que recibió éste, el lugar de encuentro sería Belliana, es decir, Villena, pero el rey se habría referido a Molina, lugar donde, como hemos visto en Al-´Udri, el camino de Toledo se bifurcaba hacia Lorca, accediendo hasta Aledo desde Totana. El Cid alegó que estuvo esperando el paso de las tropas reales en Onteniente, enviando sus vigías a Chinchilla y Villena para que le avisaran cuando avistaran el ejército real. Luego se adelantó hasta Felin , que se identifica con Hellín, ya en el camino de Toledo, y desde allí descendió hasta Molina, donde tuvo la confirmación de que el rey ya había vuelto hacia Toledo, quien consideró una traición la ausencia del Cid a su cita.

La Historia Roderici nos trasmite la versión del Cid sobre lo que sucedió:

"Cuando oyó Rodrigo que el rey había pasado ya y que iba por delante de él se llevó un tremendo disgusto. En el acto se movió con todo su ejército desde Felín (Hellín), e incluso precedía a sus fuerzas deseando saber lo que había pasado y cerciorarse del paso del rey. Cuando estuvo ya seguro de que el rey había pasado, dejando detrás de sí a su hueste con órdenes de que le siguieran, él con unos pocos se adelantó y llegó hasta Molina.

Yusuf, rey de los sarracenos, y todos los demás reyes de los ismaelitas de España, así como todas las demás gentes de los moabitas  que allí se encontraban, al oír la aproximación de Alfonso, dejando en paz a Aledo se dieron inmediatamente a la fuga, y así aterrados por el pavor que el rey les causaba huyeron confusos delante de él, incluso antes de que llegara. Y cuando Rodrigo llegó a Molina, el rey viendo que no podía en manera alguna dar alcance a los sarracenos, había hincado ya con su ejército el camino de vuelta a Toledo. Rodrigo, tremendamente apesadumbrado, regresó a su campamento, que se encontraba en Elso (¿Elche?), donde autorizó a algunos de sus soldados, que habían venido con él desde Castilla, a volverse a sus casas"

Al final Aledo queda en manos cristianas y hace que los almorávides invadan la península. Esta desavenencia entre el Cid y el Rey provoca su segundo destierro y la perdida de sus posesiones.

 

Fotografía del Cid campeador Fotografía de retrato del Cid campeador

 

Corre el siglo XII, plena época almorávide. Molina vuelve a aparecer en los escritos del geógrafo Al Idrisi cuando nos habla de la ruta de Murcia a Segura (Segura de la Sierra. Jaén) en su obra Uns al-muhay:

"de Murcia al hisn de Mulina que está junto al río (Segura) hay ocho millas, al castillo de Riqut (Ricote) hay doce millas, al castillo de Siyasa (Cieza) hay seis millas, al castillo de Qalasbarra (Calasparra) hay dieciocho millas, al Yabal Ra´s al-Himar (Monte de Cabeza de Asno) hay diez millas, al castillo de Uyra hay doce millas, al Yabal Saqura hay doce millas. El total de esta ruta es de tres etapas, y sus millas son setenta y cinco, aunque otros dicen que son noventa millas. De Saqura (Segura) a Calatrava hay setenta millas. Estas fortalezas (husun) mencionadas en esta ruta están en las riberas del río Blanco (al-Nahr al-Abyad) que es el río de Murcia"

Si observamos es una fuente de gran importancia. Esla primera vez que a Molina se la nombra como castillo (hisn) o fortaleza, sin contar la mención de Ibn Hayyan que hemos reseñado más arriba.

 

 

 

 

El siglo XIII nos trae otra noticia con respecto a los árabes y Molina. Es la muerte en baza del qadi Ibn Mudas que era natural de Molina (Ibn Al-Abbar en Takmilla II). El quizás el personaje más importante nacido en Molina en época musulmana.

 

Hişn Mulīna (el recinto amurallado)

En la estructura del espacio urbano de hişn Mulīna, encontramos los dos elementos morfológicos definidos por los expertos para la ciudad andalusí. Se trata de dos recintos fortificados de dimensiones y funciones diferentes: el alcázar sobre un punto culminante para alojar el poder, y el hábitat urbano propiamente dicho, donde se desarrolla la vida cotidiana dentro de un recinto mayor. Además, estos dos elementos se encuentran en íntima relación con las vías de comunicación.

Los dos recintos no están totalmente definidos ya que desconocemos el trazado exacto del alcázar. Sabemos que ocupaba la cima de la colina del casco antiguo (barrio del castillo), no es usual que quedara completamente envuelto por la muralla urbana. Por razones de seguridad solía tener acceso desde el exterior. En algún punto, se unirían ambos.

La peculiar disposición del recinto, solo se explica en función de su carácter de llave de acceso o defensa de Murcia.


EL CASTILLO O ALCÁZAR

Es el recinto que menos conocemos, ya que sobre él tan solo se ha intervenido arqueológicamente sobre el espacio ocupado por el Mirador del Castillo y la casa de la Maita. En este lugar se ha descubierto un lienzo de muralla de 7 metros de longitud y 8 de altura y una torre cuadrangular de la alcazaba todo ello de cal y canto en su parte baja y tapial en altura. También un silo o pozo de la nieve de época más moderna.

 

 

 

 

LA VILLA

Rodeando todo el cerro del Barrio del Castillo, existió una muralla en la parte inferior de la ladera, prácticamente sobre una misma curva de nivel hasta generar una planta ovalada como se puede observar en el callejero actual o cualquier fotografía aérea de la zona. Como hemos dicho, es la única muralla conocida arqueológicamente, parte de la cual estaría probablemente compartida por el alcázar.

 

 

Se trata de una obra constructivamente compleja, con diversos momentos, técnicas y reparaciones. La primera fase constructiva, con probabilidad del siglo XI, fue levantada mediante un encofrado compuesto por un núcleo de tierra apisonada entre dos costras de mortero, cuya anchura total desconocemos. Tampoco sabemos si la articulaban algunas torres, aunque el sentido común así lo aconseja, y por ahora también ignoramos el momento exacto de su construcción.

Esta muralla fue reparada varias veces a lo largo de los años, primero mediante la renovación de las costras exteriores de mortero por forros algo más sólidos, tanto a intramuros como a extramuros, pero será durante la primera mitad del siglo XIII, ya en el periodo almohade, cuando sea objeto de la gran reforma que le dará su aspecto final con el que nos han llegado la mayor parte de sus restos. También contó con reparaciones de época castellana.

 

 

 

En ese momento de gran inestabilidad política, cuando el final de la presencia islámica en estas tierras se siente cerca, la costra exterior de la muralla fue sustituida por un gran forro de más de un codo de grosor (unos 50 cm.), cuando no levantada por entero sobre la anterior mediante una nueva fábrica de encofrado de calicanto, mucho más sólida que la antigua con núcleo de tierra. No obstante, parece que a partir de la tercera o cuarta tapia el alzado se completó mediante la técnica del tapial calicastrado, caracterizado por la alternancia en la caja de tongadas de mortero muy fluido con otras de tierra apisonada, entre costras exteriores también de mortero.

El resultado fue una muralla de más de 8 m de altura y algo menos de 2 de anchura, articulada regularmente mediante torreones de planta cuadrangular macizos en su base, con unos 4 metros de lado cada uno  y situados cada 20 m aproximadamente. Por delante sabemos que corría un amplio foso de más de 7 m de anchura y más de 2 de profundidad, que dificultaba el acceso del enemigo al muro.
También sabemos que tuvo al menos una torre poligonal de 9 lados, pero sólo 8 perceptibles al exterior, inscrita en una circunferencia de unos 2,70 m de radio y cimentada sobre tres rezarpas. Ocupaba un ángulo del recinto, en la confluencia entre el foso y la acequia mayor de Molina, o el propio río, lo que unido a una presumible mayor altura que las demás torres, la harían perfectamente visible para quienes circularan por el camino en dirección a Murcia, ya fuese por el de la margen izquierda del Segura, por el de la derecha o por el de Mula.

 

   

   

     

 

Otro de los descubrimientos más importantes ha sido el de una de las puertas del recinto, en la confluencia de las calles Ebro (hoy Ibn Arabí) y Jarama. Se trata de una puerta en doble codo, abierta en el flanco sur de una de las torres, la única cuyo interior no es macizo en su parte baja. La puerta está protegida por una torre cercana que, por razones evidentes, rompe la monotonía de los 20 m de distancia entre cada una, al situarse a tan sólo 7,50 m de ésta.

 

También se constata que el sector de la ladera norte de Molina no comenzó a urbanizarse hasta el siglo XVII, siendo hasta entonces un amplio espacio abierto en el que hemos podido determinar ningún uso específico. Si existen testimonios de algunos vecinos de la calle San Ignacio de Loyola de que en la ladera que quedaba por encima de dicha calle pudo ubicarse la maqbara o cementerio de Mulīna, pues al realizar obras en esa zona se han hallado restos humanos directamente depositados en fosas de tierra, si bien hasta ahora nada se ha podido constatar arqueológicamente.

Como conclusión se puede decir que el recinto amurallado de hişn Mulīna presenta unas características y entidad peculiares, que no encajan con lo que sería habitual en un pequeño núcleo rural. Su entidad poblacional fue escasa prácticamente hasta mediados del siglo XX, y en la Edad Media sabemos que el caserío ni siquiera llegó a extenderse por la ladera norte y noreste; tampoco parece que en el periodo islámico haya sido el núcleo administrativo de ningún iqlīm o distrito agrícola, entre los cuales no se nombra, seguramente por su proximidad a Murcia, de la que parece que dependió administrativamente al menos durante la etapa almohade, ya que en un privilegio otorgado por Alfonso X a Murcia en 1266, se establecía el término concejil de la ciudad con todos los lugares "que fueron termino de la villa de Murçia en tiempo de Miramomen", es decir, del califa almohade Muhammad al-Nāşir (1199-1213 d.C.), y entre esos lugares se cita expresamente a Molina Seca.

Sin embargo, sus defensas y estructura son similares a los de lugares mucho más importantes, y comparables en su debida proporción con las de la propia Murcia, además de presentar notables similitudes con las de Orihuela.

La explicación a tales peculiaridades nos la proporcionan las fuentes medievales, en las que Molina aparece como un lugar clave en el acceso y defensa de Murcia desde el camino de Toledo. En diversas ocasiones hemos visto cómo el control sobre Molina es esencial para tomar o acometer a la capital, y por tanto, al margen de otras funciones agrícolas o económicas innegables, su papel en determinados momentos debió de ser muy similar al desempeñado por otros castillos del cinturón defensivo de Murcia, como el de Monteagudo o Tabala.

 

 

 

 



 




El medievo cristiano.



Villa de Realengo


Por el Tratado de Alcaraz de 1243, las tierras murcianas se convierten en protectorado de Castilla. Este período dura desde 1243 a 1264.

El futuro rey Alfonso X, en nombre de su padre Fernando III, se hace con algunas fortalezas entre ellas las de Murcia y Molina. La de Molina fue dada en tenencia a su hermano Fernando, que muere el año siguiente:

“Dominus Fernandus infans Murciam y Molinam Secam, tenens”

 

Molina recibe trato especial por entregarse sin batalla. Poder de Castilla pero buen trato a la población mudéjar y musulmana. De hecho seguían dependiendo de su propio soberano Ibn Hud. La población sigue siendo mayoritariamente no cristiana.

Tiempos inestables que llevaron a lasublevación mudéjarcontra Castilla en 1264 en Murcia y Andalucía y apoyada por Granada.

El territorio se conquista definitivamente por el aragonés Jaime I en 1266.

 

 

Fotografía Jaimeo de Aragón

 

 

 

Murcia y Molina


Se abre un período de conflictos entre las dos ciudades. Molina pasa varias veces de la independencia a depender de Murcia. En 1266 el rey Alfonso reconoce a Molina término propio. Pero ese mismo año la entrega a Murcia y le da su fuero.

 

 

 

En uno de sus momentos de independencia se le concede a Molina fueros fijando las ventajas de sus pobladores y ordenando las instituciones de la villa. Corre el año 1272.

En el año 1283 Molina vuelve a depender de Murcia. Es el castigo por ponerse de parte de Sancho en sus disputas con su padre, Alfonso X, por el trono. Ocho días después la orden es revocada y Molina recibe su independencia una vez más.


Molina aragonesa (1296-1304/5)


Los problemas sucesorios en Castilla entre Fernando IV y Alfonso de la Cerda hacen que este último ceda al rey Aragonés, Jaime II, el reino de Murcia. Molina pasa a Aragón. La villa no esta de acuerdo y firman hermandad para la defensa del reino Murcia, Cartagena, Lorca, Alicante, Mula, Guardamar, Molina Secca (Molina de Segura) y Alhama. La iniciativa no tiene existo.

La ocupación aragonesa supone la huida de mudéjares lo que crea problemas de abastecimiento a las ciudades.

Por el tratado de Torrellas-Elche de 1303, Murcia y Molina vuelven a Castilla.

Todas las fotos de la carpeta Molina aragonesa

 

El siglo XIV. Don Juan Manuel


El siglo XIV está marcado por el control que el infante D. Juan Manuel, literato e intrigante político, ejerce sobre la villa de Molina.

 

Retrato de Juan Manuel  Fotografía de escudo de don Juan Manuel 

 

Don Juan Manuel gobierna el reino de Murcia como propio y se apodera de Molina Seca por ser territorio del Adelantamiento. Muchos de sus partidarios se trasladan a Molina y hacen crecer su población. Don Juan Manuel consigue al final que Fernando IV le ceda la villa como pago de una deuda. Es el año de 1312. Molina protesta.

 

Fotografía de Fernando IV de Castilla

 

Molina supone para Don Juan Manuel un punto clave. Controla Murcia, que anda en luchas con él, y el paso hacia la corte.

En palabras de Cascales, Molina en manos de Don Juan Manuel se convirtió en una ladronera de forajidos por los daños que desde allí hacían a Murcia y demás tierras del reino los hombres del Adelantado. Tal es la gravedad que Molina es entregada una vez más a Murcia que llega a tomarla por la fuerza. Andamos en 1314. Don Juan es sustituido en su puesto pero restituido al año siguiente con Molina otra vez en sus manos. En 1325 se levantan contra él todas las villas y sus partidarios tienen que huir a Orihuela en Aragón. 


 

El rey, Alfonso XI, no quiere casar con la hija de D. Juan Manuel y este decide intrigar contra el monarca ayudando al gobernante granadino que anda en guerra con Castilla. Molina y sobre todo su castillo pasa al control del nuevo adelantado Pedro López de Ayala. Era 1328. En esta etapa es cuando D. Juan escribe su obra cumbre: El Conde Lucanor.


Fotografía Alfonso XI de Castilla

 

Pero en 1330 la villa vuelve a manos de Don Juan Manuel así como el adelantamiento de Murcia y firma en 1336 treguas entre él y el castillo y villa de Molina.

Molina pasa por manos de hijos y familiares de D. Juan Manuel cuando este muere hasta que vuelve a su condición de villa de realengo (del rey) con el casamiento de Doña Juana Manuel, hija de D. Juan, con el rey Enrique de Trastámara.

 

 

Fotografía Enrique III de trastmara


Don Juan Manuel muere en 1348. Vienen ahora años de penuria y enfrentamientos entre Manueles y Fajardos (1391-1395). Los fajardo tendrán a partir de ahora, gran importancia para el devenir y la historia de Molina.

 

 

Fotografía Infante Don Juan Manuel




Siglo XV


 


El señorío de Molina


Molina pasó a formar parte del patrimonio familiar de los Fajardo a finales del siglo XIV.

 

 

 

 

En 1395 el rey, Enrique III, concede el señorío de Molina a Alfonso Yáñez Fajardo I, su hombre de confianza en Murcia, por su defensa del reino ante los granadinos. Le dona villa y alcázar.  Sin embargo, fue su hijo Juan Alfonso Fajardo, quien hizo efectivo el albalá real mediante la emisión de una carta de privilegio otorgada al Concejo de Molina Seca en 1396, en la que se establecían las relaciones del Concejo con el nuevo señor. Tenemos noticia de alcázar que debía estar ya maltrecho ya que habla de su reconstrucción y que se les pagará a los vecinos si trabajan en ella. La posesión efectiva se produce en 1397.

 

   

 

La situación legal es la siguiente: Molina pasa a los fajardo desde el poder real pero la población mantiene sus derechos y privilegios anteriores concedidos y ratificados por los diversos reyes castellanos.

Con los Fajardo, especialmente con Alonso Yánez Fajardo II y con Pedro Fajardo Quesada, Molina sufre ataques, cercos y asaltos, ocasionados por Murcia debido al enfrentamiento entre señores. Luchas entre Manueles, descendientes de D. Juan Manuel, y Fajardos, con Alonso de protagonista y además luchas entre los propios fajardo. Pedro Fajardo Quesada era menor de edad y un familiar, Alonso el Bravo (Adelantado de Murcia), quiere arrebatarle sus posesiones y títulos. Ataca Murcia y hace huir a Pedro con su viuda madre a Molina Seca. Por intercesión real, después de 6 años, se firma una tregua entre Alonso y Pedro en la Iglesia de Santa María de Molina.

 

También se producen en la época incursiones de moros en territorio murciano. Con la mayoría de Pedro Fajardo, se tranquiliza el reino y por consiguiente Molina Seca. Pedro Fajardo Quesada fue el gran Adelantado del reino de Murcia de 1444 a 1482.

Con Molina formaban parte de este señorío que luego pasa a mayorazgo entre otros Librilla, Alhama, Mula, La Puebla de Mula y Campos del Río y otros muchos en Almería.




El mayorazgo de los Fajardo


El hecho más importante de la alta política de Molina en esta época, es la creación del mayorazgo de los Fajardos por Alfonso Fañez Fajardo II y su mujer María Quesada a favor de su hijo Pedro, que recibe las villas de Librilla, Alhama, Molina y Mula. Es confirmado por el rey Juan II en 1438. Este mayorazgo fue refundado por los Reyes Católicos después de pasar los dominios de la familia Fajardo a la Chacón en 1489 a través del matrimonio de Juan Chacón con doña Luisa Fajardo.

 

Fotografía Juan II


Molina esta poco poblada pero estratégicamente es muy importante por su cercanía a Murcia. Entre sus habitantes encontramos a moros y judíos según el documento de fundación del mayorazgo por Juan Chacón de 1491. Este documento, de valor excepcional, habla de la concesión de la villa de Molina con su fortaleza y jurisdicción civil y criminal, mesón, horno, taberna, servicio de moros, las salinas, servicio de judíos, almazaras, algunos derechos sobre regadíos y secanos, pastos, montes…

 

   

 
   
   Fotografía de Juan II  

 


Edad Moderna



La época moderna (siglos XVI; XVII; XVIII)



El siglo XVI


 

El dominio del marquesado de los Vélez.

 

Mapa marquesado Velez siglo XVI

 

La influencia de los Fajardo se incrementa tanto en el Reino de Murcia como particularmente en Molina. La familia, conseguido el oficio de Adelantado y por tanto el control del reino murciano, utiliza las tres clásicas modalidades para conseguir dominios: donación real, compra y trueque. En el espacio de un poco más de un siglo, los Fajardo pasaron de familia rica a una de las más poderosas del reino de Castilla a comienzos de la Edad Moderna al serle concedido el título de marqueses de los Vélez.

 

Juana I de Castilla, “la Loca” concede en 1507 el marquesado de los Vélez a Pedro Fajardo Chacón (1478-1546). Es el mismo Fajardo que construye el magnífico castillo de Vélez Blanco.

 

   
     

 

Al segundo marqués de los Vélez, Luis Fajardo de la Cueva (1508-1574), se le concede en 1535 por el emperador Carlos V el marquesado de Molina. Molina se convierte así en la cabeza de su marquesado. Es el título que llevarán los primogénitos del marquesado de los Vélez.

 

 

 

En 1635, la villa esta poco poblada. Su censo es de 100 vecinos. Todavía viven en ella moriscos, muy gravados de impuestos. Su expulsión posterior junto a la de los judíos hará que la economía local, y la de todo el reino, quede muy quebrantada.

 

Fotografía de un Morisco

 

 

La estructura administrativa y los derechos del marqués sobre Molina están establecidos en el Libro Becerro del Estado.

 

  Fotografía de la primera página del libro becerro 

 

 

En primera mitad del siglo XVI el concejo de Molina poseía como bienes propios la dehesa llamada Cerrada y los baldíos, la sosa y barrilla de los baldíos, el peso de la seda y el de la romana en que se pesan el arroz y otros productos y la hierba de la huerta que solía venderse.

 

El marqués tenía una serie de propiedades unas vinculadas y otras de libre disposición. Entre los bienes y derechos del mayorazgo estaban el portazgo, arrendado con un mesón ubicado fuera de la villa, el pago de una gallina por vecino en concepto de vasallaje, alrededor de 17 tahullas de moreras en el pago del Paraíso y casi tres en el de Quesada, una venta en Campotejar, dos millares de hierbas en este mismo pago y el rediezmo de seis fanegas de tierra también en Campotejar y el oficio de escribanía pública y las penas de cámara.

 

En cuanto a los bienes de libre disposición tiene un molino de harina y otro de arroz, un horno de pan, varias tahullas de tierra blanca y morera en la huerta y un salto de molino en la Fuente.

 

 


Siglo XVII y XVIII


 

 

A partir de la segunda mitad del siglo XVII y primera del XVIII se recupera, después de la peste de 1648, la población molinense y regional. Desde la reconquista el reino estaba poco poblado. La agricultura se va desarrollando en Molina gracias al sistema de acequias que sobre uno medieval diseña Melchor de Luzón y al crecimiento de la superficie de regadío y secano. Todo contribuye a que al principio del siglo XVIII la población pase de 1269 hasta 3128 habitantes a finales del siglo. La agricultura se basa en producciones mediterráneas (cereal, vid y olivo) junto con plantas textiles como cáñamo y lino, hortalizas, frutas y el arroz hasta que fue prohibido en 1725. La producción de seda estaba apoyada por el cultivo de la morera.

 

 


Era frecuente que la tierra estuviese en manos de gentes de la capital y de órdenes religiosas. La Compañía de Jesús llegó a poseer en Molina la mitad de las tierras de cultivo. En el año 1767 los jesuitas son expulsados de España, acusados de instigar el motín de Esquilache y de Nápoles, pasando sus tierras molinenses a manos de la familia Zabalburu, que las ha mantenido hasta la década de los 70' del siglo XX.

 

En el orden político, Molina, seguidora del Cardenal Belluga, es también partidaria de Felipe de Anjou en la Guerra de Sucesión (1700-1713)

 

La economía en auge, sobre todo del siglo XVIII, se refleja en la construcción de la nueva Iglesia Parroquial de la Asunción acabada en 1765 donde además de su airosa arquitectura encontramos una de las obras cumbres del orfebre Zayadatti: la custodia procesional.

 

   
Fotgrafía de la noria del parque de la compañia 

 



Siglo XIX



Época Contemporánea


Se rompe a principio del siglo XIX la relación con el marqués de los Vélez como señor de la villa. Comienza la influencia del caciquismo. Es la familia Zabálburu la que domina el gobierno municipal. Impone alcaldes a veces de manera fraudulenta.

 

Fotografía del edificio Zabalburu Murcia

 

Se produce un aumento poblacional propiciado por el aumento de la extensión del área cultivada ya que el agua esta mejor regulada por la construcción de nuevos embalses en la cuenca del Segura (Talave, Fuensanta, Cenajo, Camarillas).

 

Fotografía aerea del embalse de Talave  Fotografía del embalse de Camarillas 

 

La economía tuvo un punto de referencia claro. Los precios de los productos se fijaban desde la Casa de la Compañía antes de los jesuitas y ahora de la familia Zabalburu. Es muy importante la molinería tanto de cereal como de pimentón. 

 

 

 

Es una economía rural. Será  a finales de este siglo y sobre todo en el siglo XX cuando aparezca la industria conservera.

 

 


Siglo XX


 

A comienzos del siglo el nombre de Molina cambia por el de Molina de Segura para diferenciarlo de otras poblaciones de la misma denominación. Segura por el río que tanta importancia ha tenido en su historia.

 

La primera mitad del siglo XX la economía todavía es agrícola. Melocotones, albaricoques, hortalizas (cebollas, tomates y pimientos), cereales, almendra, olivo y vid así como ganado ovino.

 

Desde el XIX existían pequeñas industrias familiares de conserva vegetal pero es a partir de los años 40 del siglo XX donde nace y se desarrolla una industria importante de transformación de los productos agrícolas. Se produce una transformación sin precedentes en la economía local suponiendo un aumento poblacional de gran calado y siendo foco de emigración de lugares limítrofes de la propia Murcia como de las provincias cercanas de Andalucía, Albacete, Jaén…Fue Molina uno de los centros conserveros de mayor importancia nacional e internacional.

 

Fotografía de primeras fabricas de conserva
   

 

En los 90 esta industria entra en una profunda crisis  pero el carácter emprendedor de la población hace que la industria se reconvierta y diversifique.

 

Molina ha experimentado un crecimiento demográfico importantísimo. De 8000 habitantes a principios del XX a 68.073 aproximadamente de la actualidad.

 

Es ahora una ciudad en expansión, dinámica, ciudad de compras y preocupada por la cultura. Lugar de referencia para localidades vecinas. Predomina el sector industrial a la par que el de de servicios y por último un importante sector agrícola sobre todo en las pedanías del campo por la llegada del Travase Tajo-Segura.

 

Fotografía desde un edificio hacia al ayuntamiendo de Molina de Segura

 

 

 

 

 


El escudo de Molina



Tenemos la primera noticia de seña del concejo de Molina en un documento del  Archivo Municipal de Murcia de fecha 3 de noviembre de 1389.

 

            “…vecinos de Molina Seca y mostraron ante los dichos hombres buenos y oficiales una carta del concejo del dicho lugar de Molina Seca escrita en papel y abierta y sellada con un sello de cera en que ha figura de cinco ruedas…”

 

Más tarde además del escudo de los señores de la villa, el concejo tenía uno propio: era circular y encerraba un escudo con una cruz latina, rematados sus brazos en punta de flecha, y, sumada, una cabeza de ave contornada, probablemente un águila. Hablamos del siglo XVI.

 

Según el devenir de los convulsos tiempos, en el XIX, los escudos van cambiando constantemente.

 

El escudo molinense se estabiliza en su forma en 1918 por acuerdo de pleno. Es el diseñado por Jerónimo Ros de Marcias y que ha estado en vigor hasta la aprobación del actual.

 

El nuevo blasón municipal ha unificado su forma y su timbre, dispersos en la representación del anterior, y ha reforzado los elementos contenidos en sus cuarteles, atendiendo a criterios de tradición histórica y de continuidad.

Su descripción es la siguiente: Escudo medio partido y cortado. Primero, en campo de gules, un castillo de oro mazonado, almenado, donjonado y aclarado de gules; en el segundo cuartel, cinco ruedas de molino de plata, colocadas en sotuer sobre campo de sinople; en el tercero, escaques de plata y azur. Por timbre, una Corona Real de España cerrada.

 

 

 

 

 


Fotografías históricas


 

 

 

 

 



 

 Visitas guiadas

Nochemurales2017

TEatralizadas

Setenil

ExposiciónTaller

Exposición

Curso Psiquiatría en la vida cotidiana

Factores implicados en el desarrollo temprano de la obesidad

Muestra fotográfica

Talleres de arte para niños

Exposición cultura

Zoco